Minuto 72 en Stamford
Bridge. Tras un genial contragolpe llevado a cabo por el senegalés Mané,
Graziano Pellè pone el 1-3 en el marcador. Empieza una leve música de viento
por el estadio. Pocos son los aficionados que se atreven a pitar a José Mourinho
después de todo lo logrado en este club, pero la realidad invita a hacerlo. El
Chelsea coquetea con los puestos de descenso de la Premier y se encuentra en la
tercera posición de su grupo de Champions.
Seis derrotas, dos
empates y tres victorias acumula el técnico portugués este año. Un pobre bagaje
para el equipo del multimillonario Roman Abramóvich, quien cada temporada
invierte desorbitadas cantidades de dinero en nuevos jugadores. Pero la mala
racha de los londinenses no es nueva para José. Sus terceros años como
entrenador del mismo equipo no son recordados precisamente por su brillantez.
Sin ir más lejos, su último mandato en el Real Madrid acabó con cero títulos y
una guerra abierta en el vestuario, en especial con Iker Casillas.
Algo parecido está
pasando este año en las oficinas blues.
Mourinho, lejos de reconocer sus errores, regresa con el discurso victimista
que hace mención a una “rata” dentro del vestuario. Como Jerzy Dudek, antiguo portero
del club blanco, explica en su libro “Una carrera no real”, en el Madrid el
señalado por el portugués fue Esteban Granero. El sábado, en la rueda de prensa
post partido, ante la sobre-información de un periodista Mourinho dejó caer la
posibilidad de la existencia de un “topo” interno. A todo esto, hay que sumarle
el improcedente despido de la doctora Eva Carneiro, según palabras del
entrenador, por “no entender el juego” al saltar al césped en un mal momento.
Ayer, el Chelsea emitió
un comunicado a través de su página web con el que mostraban su apoyo total a
Mourinho. Aseguraban que “los resultados no
están siendo lo suficientemente buenos, pero nosotros creemos que él es
entrenador adecuado para dar la vuelta a esta temporada y que tiene un equipo
para hacerlo posible". El portugués ya sabrá que cuando un club ratifica a
su entrenador, no es muy buena señal. Que se lo digan a Brendan Rodgers,
entrenador del Liverpool hasta el domingo, destituido tras empatar a uno en el
derbi de Merseyside. Terceras partes nunca fueron buenas, Mou.
Mourinho, durante la derrota 1-3 ante el Southampton en Stamford Bridge.
Fotógrafo: Dylan Martinez/Reuters

Por favor, el Liverpool empató a 1 señor Revilla
ResponderEliminar