3 Grand Slams, 6
Masters Mil y el Torneo de Maestros, que consiguió ayer ante Roger Federer, son los números del año de Novak Djokovic, en la que puede que sea la
mejor temporada de un tenista en la historia. Los números del suizo son, en cambio,
mucho más discretos. Tendrá que conformarse con Cincinnati, ya que Brisbane,
Dubái, Halle, Estambul y sobre todo Basilea, son títulos menores que ya ni en
Suiza celebran.
Ayer en el O2 de
Londres no hubo emoción alguna. Nada más comenzar el partido Nole rompía el
servicio de Roger y mantenía su ventaja hasta el 5-3, donde volvió a quebrar su
saque. En el segundo set, esperó hasta el último servicio del suizo para
convertirse en Maestro por cuarta vez consecutiva. Ni siquiera el hecho de
tener el público a su favor mejoraba el juego de Federer. Quizás lo más
inteligente habría sido no presentarse a la final, como ya hizo el año pasado, justificando
una lesión que todo el mundo sabe que no existía: buscaba descansar para la
final de la Copa Davis que se celebraba la semana siguiente.
Y es que el tenis de
Federer se ha ido simplificando con el paso de los años. Ahora vive de los
primeros servicios y de las voleas cómodas. También, de vez en cuando, es capaz
de mandar alguna derecha a la línea. Esto sí, aquél revés a una mano con el que
dominó el circuito hace años ya no existe. Es más probable que golpee la bola
con la caña a ver un winner con su revés.
Federer trata de golpear una bola. Foto: Tim Ireland





