Terminó la tercera
jornada de la fase de grupos de la Champions League, y las miradas de los más
críticos se dirigieron, un día más, hacia Mourinho. El portugués había empatado
en Kiev con medio equipo en la enfermería y mostrando un buen juego poco
habitual en este Chelsea actual, que parece que levanta el vuelo muy
lentamente. Estos mismos “expertos” futboleros son los que obviaron el ridículo
del Bayern Múnich en el Emirates Stadium, uno más en Europa desde que Pep Guardiola tomó las riendas del club alemán.
Y es que el objetivo
que se le impuso al entrenador catalán al firmar su contrato sigue sin
cumplirse: ganar la Copa de Europa. En las dos ediciones anteriores fue
humillado por el Real Madrid en su propio estadio y goleado por el club de sus
amores, el Barcelona. En Londres, el Arsenal, un equipo que venía de perder ante
el Dinamo de Zagreb (2-1) y el Olympiacos (2-3), volvió a sacar a la luz las debilidades
de los bávaros. Todo ello con una plantilla superlativa, de las tres mejores
del mundo, que cuenta en sus filas con el mejor delantero del momento, Robert
Lewandowski.
En estos dos años,
Guardiola ha logrado lo que cualquier otro entrenador sería capaz de conseguir.
La Bundesliga, quizás la liga menos igualada de Europa, en la que ya ni
siquiera el Borussia Dortmund es capaz de competir (esta temporada tendrá que
conformarse con jugar la mediocre Europa League), no es sinónimo de éxito para
alguien que viene de ganarlo absolutamente todo con el Barça. Estamos hablando
de una competición que en el 2013 ganó por 19 puntos de diferencia sobre el
segundo y en el 2014, por 10, aun perdiendo los últimos cuatro encuentros.
Tras la derrota por
cero goles a cuatro ante el Real Madrid, algunos
tímidos silbidos acompañaron acciones del equipo que rápidamente quedaron
censuradas por la mayoría. La mentalidad alemana no permite fisuras en la
relación, circunstancia que consiente un caminar más pausado en el sendero del
fracaso. Las ofertas del Manchester City por Guardiola están llegando a las
oficinas de Baviera, incluso suena Carlo Ancelotti para sustituirle. Si
Pep desea conservar su puesto, no bastarán los títulos nacionales. Solo tiene
una solución: la Champions.
Pep Guardiola durante la derrota del pasado miércoles ante el Arsenal. -Reuters

