En
el mundo del tenis, como en la vida, existen tres tipos de personas: los
ganadores, los perdedores y los sobrevalorados. El domingo pudimos comprobar
que la hispano-venezolana Garbiñe Muguruza pertenece a este último grupo. Había
finalizado el WTA Finals (equivalente al Torneo de Maestros masculino) en el que
Garbiñe logró llegar hasta las semifinales del cuadro individual y la final de
dobles, cayendo con estrépito en ambas. Los comentarios oportunistas en los
medios y redes sociales no se hicieron
esperar, calificándola como “maestra”. Ahora bien, ¿merece Muguruza este apodo?
Entre
los logros de la nacionalizada española, además de los citados en el párrafo
anterior (si es que llegar a unas semifinales puede considerarse como logro),
están la final de Wimbledon ante Serena Williams y el torneo de Pekín
conquistado hace apenas un mes, el único de su carrera. Torneo, por cierto, que
se caracterizó por la ausencia de las mejores raquetas del momento, como Maria
Sharapova, Simona Halep o la propia Serena. Un palmarés que deja mucho que
desear.
Sorprende,
por tanto, ver a Garbiñe en el número 3 de la clasificación WTA. Un circuito
deplorable, venido a menos en los últimos años. En su historia, diferentes
jugadoras lo han dominado a su antojo ante la falta de nivel de sus
contrincantes: Graf, Evert, Navratilova, Justine Henin (retirada a los 25 años
por “estar cansada”) y hoy en día, Serena Williams. La estadounidense
ridiculiza a la WTA asistiendo y ganando los torneos que se le vienen en gana.
Sin ir más lejos, la semana pasada no apareció por Singapur por un supuesto
embarazo que ninguna fuente ha confirmado. Otro ejemplo, la belga Kim Clijsters
se retiró en 2007 del tenis, y en su vuelta en 2009 ganó el US Open. ¿Más
casos? Martina Hingis, rival ante la que cayó Garbiñe en la final de dobles del
domingo, se ha retirado hasta en dos ocasiones. 35 años tiene ahora, y sigue
ganando títulos como en su juventud.
Martina Hingis y Sania Mirza celebran su título en Singapur ante Garbiñe
Muguruza y Carla Suarez. Fotografía: Mohd Fyrol, AFP
Por todo esto, ver a “Mugu”
en el número 3 da vergüenza ajena. Lo único que tiene a su favor en su corta
edad, apenas 22 años, pero su mentalidad no es la de una ganadora. Hasta ahora
se ha estado aprovechando del bajísimo nivel del circuito femenino, sumando
puntos únicamente por ganar partidos de rondas previas, pero en las fases
finales siempre ha fallado. Lo peor es que los 34 años de Serena invitan a un
cambio generacional y, en un futuro no muy lejano, Garbiñe será la número 1. En
ese instante, el tenis femenino tocará fondo.

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